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Bioshock Infinite

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18.04.2013PCPS3Xbox360

Bioshock Infinite es, sin ningún atisbo de duda, una de las mejores experiencias de la generación. Este juego ha necesitado de cinco largos años de gestación, cinco años en los que la mente pensante de uno de los creadores más reconocidos del momento, Ken Levine, junto con todo su equipo en Irrational Games se han dedicado a pulir y perfeccionar todos los aspectos de esta pequeña joya. La verdad es que es un juego que parece haber sido desarrollado sin restricciones por parte de 2K, ni a nivel de tiempo por el mimo con el que se han tratado los detalles, ni creativo debido a lo arriesgado de la apuesta de crear un título de acción cuyos pilares son su narrativa y una compañera controlada por la inteligencia artificial.

Bioshock Infinite

“Tráenos a la chica y saldarás tu deuda”. Estas palabras escritas en el papel clavado en la puerta del faro son la base de toda nuestra aventura y nos acompañarán a lo largo de toda la historia. La premisa es sencilla, liberar a la chica que yace atrapada en una estatua gigante edificada sobre una ciudad flotante.

Columbia logra deslumbrarnos desde principio cuando, sentados en esa especie de cápsula, ascendemos por encima de las nubes y la descubrimos por primera vez, acompañados por una sencilla melodía de piano cuya belleza radica en su simplicidad. En realidad, no es más que una declaración de intenciones, Bioshock Infinite busca una experiencia tremendamente íntima, donde tan importante es divertir al jugador como emocionarlo.

En los compases siguientes, descubriremos una gran utopía sobre el cielo que vive sus años dorados. Cada escenario está cuidadosamente estudiado, una tranquila iglesia nos recibe en Columbia acompañada por una dulce melodía góspel. Unos feligreses vestidos de un perfecto blanco nos introducirán el extremo fanatismo religioso de sus conciudadanos que siguen a un nuevo profeta, al pastor Comstock, quien les salvó de la “Sodoma de abajo”.

Al salir, una alegre feria nos dará la bienvenida. Merece la pena permitirse el lujo de pasear por este entorno inspirado en los años 30’, escuchar la radio para escuchar la música de moda en esa época, pararse a curiosear las conversaciones que tienen los habitantes, ver la cabalgata que nos cuenta la historia de la ciudad, descubrir los secretos que esconden los Kinetoscopios y pararse a hacer puntería en las casetas.

Pero bajo toda esta fachada de belleza y perfecta utopía, Irrational Games esconde una crítica mordaz y sutil a temas tan complejos como el racismo, el fanatismo religioso o la política. El equipo de Ken Levine no se muerde de la lengua y aborda de frente temas que, por su naturaleza, son polémicos. Aunque no son el tema central de nuestra historia, resultan ser un condimento más que conveniente para aderezar la trama y te invitan a reflexionar. En definitiva, Bioshock Infinite es un juego que, para disfrutarlo al máximo, debe ser digerido con calma.

Bioshock Infinite Lutece

Por primera vez en la saga, Ken Levine ha decidido poner nombre y apellidos a nuestro protagonista. Hemos pasado de ese ente anónimo que recorría los pasillos oscuros de Rapture, al Booker Dewitt que recorre las calles de la brillante Columbia. Curiosamente, este paso de tener un protagonista definido por el usuario, a un personaje completamente diseñado por el equipo creativo, era necesario para poder llevar todo el apartado narrativo a un nivel superior y, aunque parezca mentira, el jugador acaba formando un vínculo mucho más fuerte con él.

Dewitt es un hombre atormentado por un pasado que iremos desvelando, compás a compás, a lo largo de nuestra aventura. Investigador privado, antiguo miembro de la caballería, a Booker le iremos conociendo de forma sutil a través de sus comentarios, de sus diálogos con Elisabeth y de sus acciones. En este sentido, digamos que no hay ninguna biografía explicita pero, al final, casi sin saber cómo, conoceremos todos los secretos de nuestro protagonista.

Por otra parte, Elisabeth es el gran logro de este juego. Desde el primer minuto que estamos con ella nos encandilará con esos enormes ojos azules. Nuestra compañera en este viaje es una chica que ha estado encerrada toda su vida en una enorme estatua, sin tener prácticamente ningún contacto con otro humano y con un enorme pájaro mecánico que actuaba tanto como su único amigo como su carcelero. Así, cuando la conocemos, Elisabeth es una entrañable chica inocente con sueños de libertad.

Bioshock Infinite - Playa

Es sorprendente el magnetismo que tiene como personaje y la capacidad que tiene de transmitir emociones con cada uno de sus píxeles. Esto, en parte, es gracias a un increíble trabajo a nivel de captura de movimientos, arte, guión y doblaje. Más de una vez nos arrancará una sonrisa cuando, recién liberada de su prisión la veamos bailar alegremente con unos completos desconocidos en la playa, cuando se escandalice si entramos a los servicios de chicas o cuando entremos en una tienda de juguetes y ella se pare a mirar los productos mientras nosotros buscamos desesperadamente algo de munición. Al final, el gran secreto de Bioshock Infinite se basa en la habilidad que han tenido en Irrational Games a la hora de formar un vínculo entre el jugador y ella y que, al final, no nos la tomemos como un personaje más sino que la consideremos nuestra compañera.

Además, se ha cuidado mucho el comportamiento de la chica durante toda la aventura de forma que durante los combates no sea una carga. Cuando nos enfrentemos a los enemigos, no deberemos preocuparnos por ella. Elisabeth se mantendrá a cubierto y nos irá subministrando munición, sales y botiquines según convenga y, a parte, podemos instarla a colaborar utilizando su poder para abrir brechas temporales.

Sinceramente, llegados a este punto, Bioshock Infinite es una maravilla narrativa. A lo largo de las más de 15 horas de aventura, el juego nos irá proporcionando pequeños elementos, pequeñas pistas, como si te estuviera dando diminutas piezas de un enorme puzle para juntarlas todas en el último capítulo de la historia y dar forma a, aproximadamente, dos de las horas más apoteósicas de la historia de los videojuegos. Bioshock Infinite es un título cuya introducción es correcta, tiene un buen desarrollo y goza de una conclusión genial que acaba generando esa necesidad que suscitan las grandes obras de comentarlo con alguien.

Bioshock Infinite - Catch

A nivel jugable, Irrational Games nos viste esta gran experiencia en formato FPS y, en este sentido, se ha apostado por una formula bastante tradicional donde las barras de vida y sales no se llenan automáticamente sino que deberemos buscar recursos continuamente para sobrevivir y que divierte sin robar protagonismo a lo verdaderamente importante.

Así, Bioshock Infinite está dotado de un arsenal bastante extenso con armas que van desde la pistola al lanzacohetes, pasando por los clásicos fusiles y rifles de francotirador (cada tipo de arma tiene un logro asociado a un número de bajas enemigas), pese a que solo podremos llevar con nosotros dos armas. Además, desde las máquinas expendedoras se nos ofrece la posibilidad de mejorar cada tipo de arma a cambio de dinero para mejorar su rendimiento.

Por otro lado, los antiguos Plásmidos han evolucionado a los presentes Vigores que nos ofrecen hasta 8 singulares poderes que también podremos ir mejorando. Estos nuevos poderes funcionan a cambio del consumo de sales, la versión personal del mana, que nos permitirá poseer máquinas y enemigos, lanzar bolas de fuego o cargar contra nuestros adversarios con pulsar un botón. Además, también se nos ofrece la posibilidad de crear trampas al mantenerlo pulsado que, cual minas de proximidad, se activarán cuando alguien se acerque.

bioshock infinite - combat

Las batallas por los aerocarriles, más escasas de lo que uno se puede imaginar antes de empezar a jugar, están bien implementadas y le dan un toque muy personal al juego. La verdad es que son un recurso que evita ser cansinamente recurrente y ofrece combates frenéticos a alta velocidad para los usuarios más valientes. Al fin y al cabo, siempre es más seguro resguardarse tras un parapeto.

La dificultad es algo a tener en cuenta. Bioshock Infinite nos ofrece 4 niveles distintos: fácil, normal, difícil y el modo secreto 1999 que se desbloquea al completar la historia o a través de un código al más puro estilo old school. En normal no se nos planteará un reto mayúsculo y pese a que nunca iremos sobrados de dinero o munición, ya sea por la colaboración de Elisabeth o por los recursos que encontremos a nuestro alrededor, nunca acabamos realmente apurados. Por otro lado, aquellos que deseen ponerse a prueba, el modo secreto no les pondrá las cosas fáciles.

Finalmente, la diversidad a nivel de enemigos es mayor de lo aparente. Pese a que, en teoría, solo tendremos humanos y una serie limitada de máquinas, el hecho que nuestros adversarios tengan acceso al mismo arsenal que nosotros y a distintos niveles de armaduras, acaba ofreciendo una variedad más que interesante tanto a nivel de personajes como de tácticas.

Bioshock Infinite - Shanty

A nivel visual se nota el esfuerzo del equipo artístico de Irrational Games. El nivel de la ambientación de Columbia, desde el primer momento en el que la vemos teñida de esos tonos tostados, es excelente. Se han recreado espacios que evocan la américa de principios del siglo XX y se ha dotado de toda una serie de cuidadosos detalles que van desde la ropa de cada uno de los personajes que nos encontramos hasta los posters propagandísticos. En cada paso que das se nota el extremo mimo con el que se ha tratado a este proyecto.

Se ha buscado un estilo que huye del ultra-realismo con texturas de piel de alta definición para dar paso a una apuesta visual donde cada instantánea parece hecha a pincel. Bioshock Infinite siempre juega en este mundo de fantasía donde la realidad más pura queda diluida pero que, sin embargo, se rige por una coherencia férrea.

El apartado sonoro de este juego es, simplemente, espectacular. En la banda sonora compuesta por Gary Schyman encontramos una amplia variedad de temas que nos acompañarán a descubrir las distintas zonas de Columbia. Sus piezas de inspiración diversa se adaptan perfectamente a las situaciones, de esta manera, podemos escuchar obras de armonía tranquila que evocan a los clásicos del romanticismo del este de Europa hasta las melodías disonantes de batalla más propias de finales del siglo pasado. Destacable el virtuosismo en la composición de las cuerdas.

bioshock Infinite - tienda

Además, estas composiciones se complementan con una serie de grandes obres que combinan melodías que abarcan desde grandes clásicos como el Requiem de Mozart, la Nocturna en Mi bemol mayor de Chopin o el Canon de Pachelbel, a música de principios del siglo XX como Watermelon Party de Polk Miller, hasta piezas más modernas como God Only Knows de los Beach Boys.

Así que, al llegar a la conclusión no debemos plantear si es uno de los mejores videojuegos de la generación y, sin duda, lo es. Bioshock Infinite es un título que se juega poco a poco, cuyos entornos merece la pena explorarlos detenidamente y cuyo magnetismo va in crescendo a lo largo de la historia. Sin saber muy bien cómo, esta pequeña obra de arte va cautivándote, casi sin querer, hasta que logra conquistarte en el clímax final.

Elisabeth es una joya. Es cautivador recorrer Columbia junto a ella y experimentar de primera mano su evolución como personaje. Irrational Games logra con éxito que, como jugadores, establezcamos un vínculo con una serie de algoritmos que se personifican en el personaje de Elisabeth y que continuamente nos irá sorprendiendo. No en vano, ellos mismos reconocen que la clave de Bioshock Infinite es este personaje.

Bioshock Infinite - Elisabeth

Finalmente, se ha logrado que toda esta grata experiencia venga envuelto con un apartado técnico a la altura. Visualmente cuidado con un aspecto que refuerza este estilo de fantasía, cuyos entornos han sido minuciosamente diseñados hasta el detalle y con una banda sonora que combina obras compuestas especialmente para acompañarnos en nuestro viaje con grandes clásicos de la música universal.

Bioshock Infinite es, sin ningún atisbo de duda, una de las mejores experiencias de la generación.

Agradecer a 2K que nos haya proporcionado una copia del juego.