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Tropico 4

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14.05.2012PCXbox360

Durante el verano de 2011 salió a la venta la cuarta entrega de la franquicia Tropico que es, sin duda, el enfant terrible dentro de los simuladores de construcción de ciudades. Para los que no conozcan la franquicia, el objetivo fundamental del juego consiste en gestionar tu propia república bananera y todo esto llevado con grandes dosis de humor.

Antes de empezar cualquier partida deberemos crear un avatar que nos representará como presidentes de nuestra isla. Las opciones de personalización son extensas y variadas, por ejemplo: deberemos incluir en nuestra biografía como accedimos al poder, ¿nos puso a dedo el KGB o fuimos elegidos como gran líder religioso? ¿Quizás llegamos a la presidencia a través de unas elecciones democráticas o tal vez dimos un golpe de estado?
También deberemos elegir tres de entre una treintena de atributos que nos darán ciertos bonuses, positivos o negativos, que afectaran levemente al desarrollo del escenario. Así podremos elegir entre ser buenos gestores, ser personajes viajados, padecer el síndrome de Tourette, ser un borracho, etc. Además, estos atributos subirán de nivel cada vez que completemos una partida e incrementarán el efecto de sus bonificaciones.

A nivel jugable, deberemos gestionar el crecimiento económico y demográfico de nuestra isla, manteniendo a controlados los niveles de satisfacción de los habitantes. Una de las grandezas de este título es el nivel de libertad en que se puede hacer todo esto, por ejemplo, podemos construir apartamentos para subir la satisfacción de nuestros habitantes o podemos no hacerlo y entonces vivirán en chabolas, no estarán contentos y puede que algunos se transformen en rebeldes, pero podemos gobernar con mano de hierro y un gran ejercito que los combata. También podemos centrar nuestra economía en explotar los recursos naturales de la isla, enfadando a la facción pro-medioambiente, podemos centrar nuestra actividad económica en el turismo, algo que gustará a los capitalistas, o incluso podemos centrarnos en exportar alimentos producidos en las granjas.

El juego nos pone a nuestra disposición un amplio abanico de edificios con los que guiar el crecimiento de la isla a nuestro antojo. De todos modos, cabe decir que los ciudadanos se organizarán en distintas facciones que irán exigiendo unas ciertas condiciones para estar contentos, de esta forma, los religiosos querrán disfrutar de catedrales en la isla mientras que los comunistas querrán tener viviendas dignas a precios asequibles, e incluso tendremos a los nacionalistas que te exigirán que te impongas como el gran líder que debes ser.

Además de los edificios, también podremos firmar edictos que, a cambio de ciertas aportaciones económicas, pueden mejorar la vida de los habitantes como planes de sanidad pública, incrementar las raciones de comida o promover planes de lectura. Por otro lado, también hay edictos de “alto caldo político” como dictar un permiso de construcción que hará que construir nuevos edificios sea más caro a cambio de desviar parte de esos fondos a tu cuenta suiza.

Entre los distintos modos de juego, Tropico trae consigo un modo campaña que nos plantea una trama de traiciones y venganzas llevado por unos personajes caricaturizados que reflejan ciertos tópicos. Desde nuestro asistente llamado Penúltimo al presidente de turno de los Estados Unidos o una espía rusa. Evidentemente, siendo un juego de simulación de construcción de ciudades, esta trama es bastante superficial pero ejerce bien su función de ser el hilo conductor entre los distintos retos que propone el juego.

Otro punto a destacar de Tropico es su banda sonora compuesta por temas de un marcado ritmo caribeño de estilo festivo y con unas letras con un cierto toque divertido que, no solo ambientan a la perfección las partidas, sino que además enganchan tanto que al cabo de unas horas jugando, estoy convencido que acabarás tarareándolas.

Creo que la mejor manera de definirlo es que Tropico es un juego muy serio que no se toma nada en serio. Es decir, hace del humor su seña de identidad, es transgresor y pese a que pueda parecer simple y banal a primera vista, esconde muchas posibilidades. Si bien es cierto que para un jugador de corte más clásico y resultadista, hay ciertas formas de encarar las partidas que pueden hacer que sea sencillo pero se debe tener en cuenta que hay otros caminos a tomar más descabellados, elegir atributos menos favorables u optar por otras formas de gobierno.
En Tropico, cuanto más nos alejamos de la forma más seria y lógica de encarar las partidas, más divertido se vuelve.

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