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The Stanley Parable

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13.11.2013ArtículoDestacadoOpinión

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Es complicado hablar de experiencias porque no gustarán a todo el mundo. De lo que os voy a hablar es más parecido a Dear Esther o To the Moon que al juego de moda. Creedme que es muy difícil catalogar algo The Stanley Parable, pero sin duda es algo de lo que merece la pena intentar hablar.

El libre albedrío. El eterno tema sobre el que gira un debate en el mundo de los videojuegos. A priori tenemos libre control sobre un personaje pero realmente somos ratones en el laberinto que los programadores han diseñado para nosotros. Recientemente hemos visto como juegos como Heavy Rain, Mass Effect o The Walking Dead nos hacen creer que toda decisión que tomemos influye en la historia. Todos sabemos que es relativo. Es imposible crear una multitud de variables para cada opción. Nos autoconvencemos de que estamos creando algo único en nuestra historia, pero solo hemos tomado un desvío para acabar en el mismo lugar donde acabará todo el mundo. The Stanley Parable se propone acabar con todas esas convenciones. No voy a revelar absolutamente nada sobre la trama, así que puedes seguir leyendo si así lo deseas.

Stanley trabaja en un cubículo en una oficina, pulsando cada día una combinación de botones en un ordenador. Aquél dia algo pasa, no recibe órdenes ni hay botones que pulsar. Extrañado, decide salir del a oficina para buscar a sus compañeros. La oficina esta vacía y una voz dentro de su cabeza narra sus acciones. ” Stanley decide salir de su oficina en busca de sus compañeros. ” Stanley se encamina hacia la sala de reuniones”. De momento seguimos el único camino que tenemos por delante hasta llegar a una intersección y la voz en off narra: “Stanley cruza la puerta de la izquierda”. Es exactamente ahi donde empiezan un sinfín de decisiones que nos harán retorcer los sesos pensando que habría pasado si hubiera hecho otra cosa.

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El narrador de The Stanley Parable merecería un análisis por si solo. Lejos de repetir una y otra vez las mismas órdenes, vemos que tiene una personalidad propia. Se enfada con nosotros si no le hacemos caso, se desespera preguntándose qué está haciendo mal. Intenta redimir sus errores y crea un vínculo de confianza enseñándonos algunas cosas y asustándose por las consecuencias de otras. El juego puede ser completado en 20 escasos minutos pero de forma magistral empieza de nuevo y todas las decisiones que hemos tomado tienen influencia en un narrador que recuerda todos nuestros pasos. Hay un total de 15 finales que nos arrancarán una sonrisa mientras alucinamos con los guiños a otros videojuegos o historias.

Nos encontramos ante algo distinto que nos hará pasar un buen rato, preguntarnos que demonios está pasando y esbozar un sonrisa. Y esto hoy en día es algo muy a tomar en cuenta.

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